Informe PISA : ¿puede la Educación Física ser parte de la solución?
Vivimos en la época de la inmediatez.
Vídeos cortos, scrolling continuo, notificaciones, estímulos constantes, respuestas inmediatas y herramientas capaces de resumir en unos segundos un texto que antes requería varios minutos de lectura. Y en este contexto se publica el informe PISA, que vuelve a dejar una fotografía preocupante sobre el rendimiento académico del alumnado español. Los resultados de España han descendido respecto a 2022 en matemáticas y lectura, mientras que en ciencias se mantienen aproximadamente estables. Si ampliamos la mirada hasta 2015, el deterioro es todavía más evidente y los resultados de 2025 se encuentran entre los más bajos registrados por España en las tres competencias. Pero quizá lo más interesante no sea únicamente observar cuánto han bajado las puntuaciones, sino preguntarnos qué está pasando alrededor del aprendizaje.
¿Qué nos está diciendo PISA?
Conviene aclarar algo desde el principio: PISA no permite establecer que un determinado factor sea directamente responsable de la caída del rendimiento académico. Estamos ante un estudio observacional y, por tanto, hablamos principalmente de asociaciones y de indicadores que deberían hacernos reflexionar. Y algunos de ellos son especialmente llamativos.
Distracción digital
El 29 % del alumnado español afirma que sus compañeros se distraen habitualmente utilizando dispositivos digitales durante la mayoría o la totalidad de las clases de ciencias. Además, el alumnado español que informa de esta distracción obtiene, después de considerar el nivel socioeconómico, aproximadamente 16 puntos menos en ciencias que quienes no perciben este problema. Esto no significa que una pantalla sea necesariamente negativa para el aprendizaje. La tecnología ofrece posibilidades educativas extraordinarias. El problema aparece cuando deja de ser una herramienta y comienza a competir constantemente por nuestra atención.
Inteligencia artificial
La IA ya forma parte del día a día del alumnado. Según PISA, el 54 % de los estudiantes españoles utiliza chatbots de inteligencia artificial al menos una vez por semana para ayudarle a aprender. Más de la mitad e incluso te diría que va en aumento. El 42 % los utiliza para realizar una primera investigación sobre un tema, el 40 % para resumir textos que debería leer y el 33 % para redactar trabajos. De nuevo, la cuestión no debería ser demonizar la inteligencia artificial. El reto educativo consiste en enseñar a utilizarla sin permitir que sustituya precisamente aquellos procesos cognitivos que queremos desarrollar: leer, comprender, sintetizar, escribir, resolver problemas o pensar críticamente. La inteligencia artificial puede ser de gran ayuda cuado es un complemento pero deja de serlo cuando se convierte en tu mayordomo personal y todo lo delegas en ella.
Absentismo
Otro dato especialmente preocupante es el absentismo. El 34 % del alumnado español de 15 años reconoce haber faltado al menos un día completo al centro educativo durante las dos semanas anteriores a la prueba PISA. En 2022 era el 28 %.También un 34 % reconoce haberse saltado al menos alguna clase. Es difícil mejorar el aprendizaje si disminuye el tiempo efectivo dedicado a aprender.
Menor acompañamiento familiar
PISA también refleja una disminución del apoyo familiar percibido. En 2022, el 77 % del alumnado español afirmaba que sus padres o tutores les preguntaban al menos una vez por semana qué habían hecho en el centro educativo. En 2025 ese porcentaje ha descendido al 69 %. Los estudiantes que hablaban semanalmente con sus familias sobre problemas relacionados con el colegio también han pasado del 60 % al 50 %.
Problemas dentro del propio sistema
A todo esto debemos sumar las dificultades que manifiestan los propios centros. El 49 % del alumnado español estudia en centros cuyos directores consideran que la enseñanza se encuentra perjudicada, al menos en cierta medida, por la falta de profesorado. Cuando hablamos de personal de apoyo, el porcentaje asciende al 72 %. Por tanto, sería excesivamente simplista intentar explicar el rendimiento académico utilizando una única causa. El problema es complejo y necesita respuestas igualmente amplias.
¿Qué soluciones planteamos?
Ante esta situación resulta lógico hablar de limitar el uso inadecuado del teléfono móvil, fomentar la lectura, enseñar a utilizar correctamente la inteligencia artificial, apoyar al profesorado, reducir el absentismo o conseguir una mayor implicación de las familias.Todo ello es necesario. Pero quizá existe algo en lo que no habíamos asociado como posible ayuda en la problemática: la actividad física.
No como sustituto de ninguna de las medidas anteriores. No se trata de elegir entre leer o hacer deporte. Se trata de preguntarnos si estamos aprovechando suficientemente una herramienta que puede contribuir al desarrollo integral del alumnado.
Actividad física, atención y aprendizaje
La relación entre actividad física, cerebro y aprendizaje cuenta con una amplia evidencia científica.La Organización Mundial de la Salud reconoce entre los beneficios de la actividad física en niños y adolescentes la mejora de diferentes resultados cognitivos, incluyendo las funciones ejecutivas y el rendimiento académico.Las funciones ejecutivas engloban capacidades esenciales para aprender: controlar impulsos, mantener información en la memoria de trabajo, planificar, cambiar de estrategia cuando algo no funciona o mantener la atención hacia un objetivo. La práctica de ejercicio también se ha relacionado con diferentes mecanismos neurobiológicos, entre ellos cambios en factores neurotróficos como el BDNF (Brain-Derived Neurotrophic Factor), una proteína relacionada con procesos de plasticidad neuronal y aprendizaje.Esto no quiere decir que correr veinte minutos vaya a provocar automáticamente que un alumno saque mejores notas. La relación entre ejercicio y rendimiento académico es mucho más compleja. Pero sí tenemos suficiente evidencia para afirmar que movimiento, salud cerebral y aprendizaje no deberían entenderse como mundos separados.
Y hay algo más.
Lo que ocurre durante una clase de Educación Física va mucho más allá del movimiento
La Educación Física no consiste únicamente en aumentar el gasto energético del alumnado.
Bien planteada, permite crear situaciones en las que los estudiantes tienen que:
- cooperar con otras personas;
- cumplir normas;
- asumir responsabilidades;
- gestionar la victoria y la derrota;
- tolerar la frustración;
- tomar decisiones rápidamente;
- perseverar cuando algo no sale;
- comunicarse;
- resolver conflictos;
- trabajar en equipo;
- conocer y cuidar su propio cuerpo.
Y existe además un beneficio especialmente relevante en el contexto actual:
es tiempo alejado de una pantalla.
Tiempo para moverse, mirar a otra persona a la cara, hablar, equivocarse, competir, cooperar y relacionarse en un entorno real. En una generación que pasa una parte cada vez mayor de su tiempo libre delante de dispositivos digitales, esto tampoco debería parecernos secundario.
¿Se mueven suficientemente nuestros adolescentes?
Probablemente no. La OMS recomienda que los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años realicen una media de al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada o vigorosa a lo largo de la semana. Los datos españoles están muy lejos de ese objetivo. Según el estudio HBSC 2022 del Ministerio de Sanidad, solamente el 24,5 % de los chicos y el 11,9 % de las chicas declaraban realizar diariamente al menos 60 minutos de actividad física moderada o vigorosa. Además, el problema aumenta con la edad. El porcentaje de adolescentes que alcanza esos 60 minutos diarios pasa del 25,6 % a los 11-12 años al 12,7 % entre los 17 y 18 años. Es decir, precisamente a medida que nuestros jóvenes avanzan hacia la adolescencia, una gran parte de ellos se mueve cada vez menos.
¿Y qué papel tiene la Educación Física?
Aquí aparece una contradicción interesante.
Nos preocupa el sedentarismo.
Nos preocupa el tiempo de pantalla.
Nos preocupa la capacidad de atención.
Nos preocupa la salud mental y física de los adolescentes.
Nos preocupa su rendimiento académico.
Y, sin embargo, en numerosos cursos de Primaria y Secundaria la presencia de la Educación Física continúa siendo de alrededor de dos sesiones semanales, dependiendo del curso y de la comunidad autónoma.
Por supuesto, sería ingenuo pensar que aumentar las horas de Educación Física va a solucionar por sí mismo los problemas que refleja PISA.
No lo hará.
Pero también resulta razonable preguntarse si estamos dando suficiente importancia dentro del sistema educativo a todo lo que implica la Educación Física que como hemos visto está estrechamente relacionada con la salud física, mental y cognitiva.
Nuestra responsabilidad como docentes de Educación Física
Nuestra misión no debería limitarse a conseguir que el alumnado se mueva durante 50 minutos. Si la única actividad física que realiza un adolescente es la que consigue hacer durante nuestras clases, no podemos provocar cambios significativos. Uno de nuestros grandes objetivos debería ser generar adherencia a la actividad física. Que un alumno descubra una actividad que le guste. Que entienda por qué necesita moverse. Que conozca los beneficios del ejercicio.¡ Que disponga de herramientas para organizar una vida activa fuera del centro. Que comprenda la importancia de alimentarse adecuadamente. Que aprenda a gestionar su tiempo de ocio y su relación con las pantallas. Y, sobre todo, que termine su etapa educativa con recursos suficientes para seguir siendo físicamente activo cuando nosotros ya no estemos delante. Porque quizá el éxito de nuestra asignatura no debería medirse únicamente por cuánto se mueve el alumnado durante una clase. También por cuánto conseguimos que quiera seguir moviéndose cuando esa clase haya terminado.
La primera palabra es Educación
PISA nos vuelve a recordar que tenemos delante un problema educativo complejo.No existe una solución única.Necesitamos trabajar sobre la lectura, la atención, el absentismo, las familias, el profesorado, los recursos, el uso de los teléfonos móviles, la inteligencia artificial y muchos otros elementos.Pero quizá deberíamos dejar de considerar el movimiento como algo secundario dentro de la educación.La actividad física no sustituye a la lectura.No sustituye a las matemáticas.No sustituye al profesorado de apoyo.Y tampoco va a hacer desaparecer por sí sola los problemas de atención de nuestros jóvenes.Pero puede formar parte de la solución.Porque educar también significa enseñar a cuidar el cuerpo, gestionar hábitos, convivir, esforzarse, cooperar, perseverar y desarrollar autonomía.
Al final, conviene recordar algo muy sencillo:
la primera palabra del nombre de nuestra asignatura es Educación.
Y si nuestros jóvenes se mueven cada vez menos, pasan cada vez más tiempo delante de una pantalla y necesitamos mejorar su salud, su atención y sus hábitos…
quizá debamos hacernos una pregunta:
¿realmente estamos dando a la Educación Física el espacio que necesita dentro de nuestro sistema educativo?
Ahí dejo la reflexión.
Fuentes y referencias
- OCDE (2026). PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students.
- OCDE (2026). PISA 2025 Results: Spain — Country Note.
- Organización Mundial de la Salud. WHO Guidelines on Physical Activity and Sedentary Behaviour.
- Ministerio de Sanidad. Estudio Health Behaviour in School-aged Children (HBSC) 2022. Resultados en España.
- Organización Mundial de la Salud / Europa. Revisión sobre actividad física y rendimiento académico en población escolar.
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